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Diane Van Deren, la mujer que emula a Forrest Gump

La estadounidense comenzó con su pasión al tratar de escapar de los fuertes ataques de epilepsia que le daban.

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Por Lavinia Paz Pérez

Diane Van Deren luce como cualquier otra mujer norteamericana. Alta, rubia, profundos ojos azules y de cuerpo muy atlético. Sonríe y habla con todos. Nadie pensaría que sufre una discapacidad. Claro, todo está en su cerebro.

Sufrió epilepsia desde muy temprana edad. A los seis meses de vida tuvo su primer ataque. Pero el tiempo se encargó de dejarlo como un mal recuerdo para sus padres.

"Después crecí y no tuve más ataques por mucho tiempo. Jugué tenis profesionalmente, me casé y tuve tres hijos... pero volvieron. Fui diagnosticada de epilepsia cuando tenía 24 años, recién había tenido a mi tercer hijo. Por 10 años tuve ataques que no lograba controlar ni con medicamentos, y eso que probé de todo", le cuenta a Publimetro en su visita a Chile. La ultramaratonista está en el país para dictar una charla en la Universidad San Sebastián y participar del "Endurance Challenge de The North Face", la carrera de trail running que se celebra este sábado en la Hacienda Santa Martina, situada junto a Lo Barnechea.

Los ataques era incontrolables. "Nadie podía pararlos, nada funcionaba", relata Van Deren. Por eso, los médicos le dieron una opción: hacerle una cirugía. "No era cáncer, sólo tejido dañado por los ataques que sufrí durante todos esos años", señala.

Los médicos quitaron parte del lóbulo temporal derecho del cerebro de Diane para intentar terminar con los ataques, que durante el último tiempo se habían acrecentado. De hecho, el último fue la noche previa a la operación.

Así nació su pasión por correr. "Un día, cuando vivíamos en el campo, mientras corría con los perros y sentí que el ataque iba a comenzar, sentí pánico y quería correr a casa lo más rápido posible, y me di cuenta que cuando corría no tenía ataques. Así que, cuando la gente me pregunta cómo encontré este amor por correr, es porque yo estaba corriendo del miedo de tener ataques", relata.

"Cuando salgo a correr no tengo que pensar que tengo una herida en el cerebro. Es mi medicina. Para cualquier atleta, cuando uno está concentrado es cuando logramos nuestro mejor rendimiento. Para mí, pasar un momento en el que no me tengo que preocupar de que tengo una herida en el cerebro, que no tengo que pensar, es maravilloso. Antes siempre me preocupaba de 'y qué pasa si'. Por ejemplo, cuando estaba montando mi caballo, qué pasa si tengo un ataque ahora, o cuando estaba nadando, o cuando manejaba el auto con mis hijos... por eso, ellos debieron aprender a manejar a muy temprana edad, porque si yo sentía que venía un ataque y debía detener el auto, ellos debían conducir. En correr encontré un regalo".

Tras la cirugía todo parecía mágico. "Nunca más tuve ataques. Hace ya 14 años que dejé los medicamentos", comenta emocionada. "Pero claro, nadie quita parte de tu cerebro sin tener consecuencias", agrega.

Y así fue. Desde que despertó de la operación debe luchar constantemente con su memoria y sus habilidades de organización: "Leer un mapa y direcciones es muy difícil para mí". No puede orientarse, le cuesta memorizar hechos, conversaciones y rostros. Hasta las cosas más simples le resultan un problema, como ir al supermercado y recordar dónde estacionó el auto.

"Uno de los problemas más grandes de mi discapacidad es que no la puedes ver. Cuando alguien usa silla de ruedas o una muleta, lo puedes ver. Pero yo no, ni siquiera tengo problemas para hablar. Así que lo que hago es tomar notas para todo el día. Qué tengo que hacer, dónde debo ir, etc", explica.

Tampoco tiene concepción de tiempo ni de espacio. Se pierde con facilidad y es incapaz de calcular cuánto tiempo ha transcurrido. Por eso no siente el cansancio sicológico que experimenta cualquier atleta y puede correr por días.

"Si salgo a correr, sólo corro derecho, no doy vueltas, porque si lo hago me desoriento, por eso las direcciones son tan difíciles para mí", explica.

"Si el camino está bien demarcado no tengo problemas, pero si no es muy difícil y tengo que mirar a los otros atletas", añade.

Si bien siempre amó los deportes - fue tenista profesional desde los 17 años: "Viajé y competí por todo Europa y EEUU"- hace 12 años que decidió correr profesionalmente.

"Hay una corrida en Colorado, la más difícil del mundo, que recorre 160 kilómetros. Cuando corrí me fue muy bien y yo ya utilizaba indumentaria de la marca porque me gusta, pero ahí The North Face vino a mi y me propusieron ser atleta profesional y apoyarme. Comencé a correr más y a ganar más experiencia. Empecé a ir a lugares más lejanos, carreras más largas, lugares más fríos... subí el Aconcagua dos años atrás", cuenta.

En 2008, Diane ganó el Yukon Arctic Ultra 300, una prueba que mezcla cerca de 480 kilómetros de carrera en medio del frío extremo, con 50 grados bajo cero, nieve profunda y apenas seis horas de luz solar. Ella logró completar la carrera en una semana, algo que ninguna mujer había conseguido antes.

"Hacían 50 grados bajo cero y la única forma de mantenerse caliente era corriendo, si no podías morir en ese frío. Los otros atletas corrían dos horas y debían retirarse. Pero yo seguía moviéndome, comiendo... sin beber agua por dos días, porque todo se congela. En algunos tramos caminaba, en otros corría, paraba para dormir una o dos horas en el trailer en un saco de dormir, pero no podía dormir más por el frío. Cuando terminé dije que no lo haría nunca más pero después de dos semanas firmé nuevamente para ir más lejos. Es un país hermoso", recuerda.

No puede parar. Hace poco batió un récord tras correr más de 1.600 kilómetros. "Recorrí todo el estado de Carolina del Norte en 22 días. Batí un récord. Corrí a través de las montañas, la ciudad... llegué al océano. Tomé un ferri y seguí corriendo. No tengo límites", cierra.

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