Columna: Un año redondo... para los cuadrados

No todo son números. Dentro de la euforia por el buen cierre del 2016 de la Selección, hay que poner una luz roja de alerta por el juego mostrado durante varios pasajes, de cara a un 2017 decisivo.

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Los superclase de la Roja han aparecido en momentos clave (AgenciaUno)

Juan Ignacio Gardella Berra
Subeditor El Gráfico Chile
@jigardella

Saquemos del bolsillo la calculadora, que tanto nos gusta: ocho partidos jugados este año por las Clasificatorias -Eliminatorias hasta el 2-1 de Vidal a Perú-, con cuatro ganados, uno empatado y tres perdidos. Cuartos con 20 puntos, ocho menos que los supuestamente necesarios para llegar a Rusia. Por historia reciente, deberíamos ganarles a Venezuela, Paraguay y Ecuador en Santiago, y a Bolivia en La Paz. Con eso hacemos 32, les regalamos a nuestros queridos vecinos los dos por secretaría y destapamos el vodka sin vergüenza.

Agréguele a lo anterior la Copa América Centenario, apenas nuestro segundo título en 100 años de vida y el único afuera de Chile. Un 2016 redondo... para un matemático, pero por suerte el fútbol no es cuestión de sumar y restar.

Porque si se tratara de eso, sume las oportunidades claras de gol que tuvo Uruguay en el primer tiempo y a nadie le hubiese extrañado que se fuera 3-0 arriba al descanso, y ahí se te meten atrás y chau. O cuente las dos tapadas memorables de Bravo en Colombia antes de los 15 minutos de receso y ni el aire acondicionado del camarín te despierta de la pesadilla.

No hay que tapar todo con los resultados, porque ahora son todos rubios de ojos azules -no únicamente Miiko-, pero después de Quito sólo el Rey Arturo salvaba el honor y el resto eran unos vagos que le hacían la cama a Pizzi (¿Se acuerda del videito viralizado?). ¡Y de eso ha pasado un mes y medio!

¿Cuál es la verdadera Roja de Macanudo entonces? ¿La del desastre en el Atahualpa? ¿La de la primera o la de la segunda parte contra los uruguayos? ¿La que dio todas las licencias en el arranque en Asunción o la de la solidez defensiva del cierre en Barranquilla? ¿La que le ganó con un penal dudoso a los débiles bolivianos en Estados Unidos o la que ocho días más tarde humilló a los poderosos mexicanos?

Lo que algunos llaman "pragmatismo" no es más que un simplismo para justificar los marcadores favorables, pero dudo que pueda identificarse a esta Selección con un estilo definido, como venía haciéndose mundialmente desde hace casi una década.

Lo hecho en tierras colombianas, para mí, fue un retroceso. El contragolpe de Fuenzalida, si terminaba en la red, debiese haber sido relatado por Carcuro con el mismo tono del "Paaaaatriiicio Yáñez" de 1981 en suelo guaraní, en un planteamiento que parecía erradicado, cediendo el protagonismo sin asco.

Esa calificación "pragmática" se agota si la FIFA no se da cuenta de lo de Cabrera, si Vidal no le mete ese zurdazo catártico a los peruanos, si el capitán no manotea esos remates bravos en el infierno barranquillero o si Alexis no maravilla el martes, porque hace rato que los superclase del equipo nos vienen salvando.

Esto no es ser chaquetero, sino poner una luz roja de alerta de cara a un 2017 decisivo. No sea cuadrado, que esto se juega con una pelota.

GRAF/JIGB

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