Ve También

Columna de Guarello: "La historia falsificada"

Las palabras del mandamás albo (quién está ahí por un sueldo y no es el que más manda, vaya la aclaración), son la muestra más clara del extravío de quienes manejan los destinos del club más popular de este país.

Compartir

Imagen foto_00000002


Quienes hayan leído con atención la entrevista de Carlos Tapia, presidente de Colo Colo, el domingo pasado en El Mercurio (17 de febrero), no tienen más posibilidad que hacer una profunda y triste reflexión. Las palabras del mandamás albo (quién está ahí por un sueldo y no es el que más manda, vaya la aclaración), son la muestra más clara del extravío de quienes manejan los destinos del club más popular de este país. El lenguaje del presidente es florido, anacrónico y maximalista. Pero también arrastrado y lleno de oscuridad. Son las palabras de un "convertido", el reconocible socialista ex socialista necesitado de la aprobación de sus nuevos dueños, que le inculcan ideas en las que jamás creyó y por lo mismo debe ser el defensor más encarnizado de esas ideas ajenas.

Señalemos primero que el intento vano de Tapia por minimizar a Universidad de Chile resulta en un gran fiasco. La rivalidad entre ambas instituciones sobrevive en los hinchas y ha sido inflada de manera ridícula por motivos comerciales. Los dirigentes andan en otra cosa, tanto así, que Leonidas Vial es socio y amigo de José Yurazeck. Es decir, las palabras de Don Carlos son puro artificio para la galería, ya que su jefe, el que le entrega el pecunio, anda de la mano con el supuesto "archirrival", hacen negocios juntos y tienen una visión idelógica común. No hay nada que los separe. Salvo el color de una camiseta, pero sólo el color. Colo Colo alguna vez representó al pueblo de su manera más espontánea y limpia. La U respondía la clase media instruida y republicana, esa de dónde salían los presidentes y los premios nacionales. Estos valores hoy se han perdido y nada tienen que ver con los valores que proclaman las sociedades que administran los nombres de estos clubes.

Segundo, y esto es lo más importante, subirse en los títulos y la historia de Colo Colo para proclamar la grandeza de la institución es un argumento aceptable si esos títulos y esa historia hubieran sido logrados por la Sociedad Anónima. Pero no, esa historia alba y esas copas que tanto inflan de orgullo a Calos Tapia las escribió y logró el club social y deportivo, ahí está la médula, la geografía y la leyenda. Blanco & Negro ha demolido el legado paso a paso, falsificando la historia, manipulando los hechos y atribuyéndose el mérito por el sólo hecho de haber "invertido". Es decir, y falazmente, creyeron que comprando acciones compraban también la historia y eso les daba derecho a vestirse con ropas que les quedan holgadas y ridículas ¿O no, Sebastián Piñera?

Sin David Arellano, Jorge Robledo, Jorge Toro, Francisco Valdés, Carlos Caszely o Marcelo Barticciotto las acciones albas no valdrían un peso. Sin Colo Colo 1973 o Colo Colo 1991 no tendrían mucho para exhibir en el museo.

Habla de las grandes inversiones de divisiones inferiores y resulta que la última gran generación fue sembrada por el Club Social y Deportivo (¿De dónde venían Fernández, Bravo, Vidal, Valdivia?). Desde que cambió el modelo los jugadores salen esporádicamente y se pierden (Bravo, Caroca, Rabello) ¿Cómo puede sentirse orgulloso de esto?.

Dice Tapia entre palabras enrevesadas y términos grandilocuentes (copernicano, oropel), algo revelador: "Nos debemos no sólo a los hinchas, sino a los accionistas". Debió decir: "nos debemos sólo a los accionistas no a los hinchas". Triste papel, blandiendo su carnet de socio desde 1953 y hoy obligado a proclamar: "Blanco y Negro cumplió con creces el contrato de concesión". Tranquilo presidente, ya viene el hueso. No olvide mover la cola.

Compartir