Columna de "Chomsky":

Cambia, todo cambia

El fútbol es de momentos y el actual parece ser el de Sampaoli y no sólo a partir de su éxito local e internacional en Universidad de Chile.

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"Marcelo Bielsa tiene más vocación de trabajo que Nelson Acosta", dijo en 2007 el entonces presidente del fútbol chileno Harold Mayne-Nicholls, el mismo que poco antes había anunciado la continuidad del uruguayo nacionalizado.

En el péndulo que caracteriza a nuestro país no solamente en el fútbol, se pasó de un entrenador que laboraba poco a uno trabajólico. Para seguir con el vaivén, luego del trabajólico llegó uno con fama de vago y ahora es el turno de que asuma otro que cumpla con sus obligaciones.

Los dos principales candidatos a la banca de la Selección Nacional son los argentinos Jorge Sampaoli y Gerardo Martino. Ambos pertenecientes a la escuela de Bielsa, aunque con diferencias entre ellos, se preocupan de todos los detalles y no se lavan las manos con que determinados asuntos como la disciplina corresponden a los jugadores.

El fútbol es de momentos y el actual parece ser el de Sampaoli, no sólo a partir de su éxito local e internacional en Universidad de Chile y del progreso que revelaron jugadores como Eduardo Vargas, Marcelo Díaz y José Rojas, sino de la obsesión por su trabajo, semejante a la de Bielsa.

La tarea del sucesor de Claudio Borghi no requiere de grandes sacrificios, porque le bastará con clasificar quinto entre nueve equipos para ir al Mundial Brasil 2014. Para ello cuenta con una generación de jugadores que fue considerada la mejor de la historia y que debería retomar su nivel, pese a que varios de ellos se transformaron en millonarios prematuros.

La U de Sampaoli demostró en la cancha que había ensayado cada paso, que los jugadores  llevaban a cabo su rol, transmitían solidaridad para establecer superioridad numérica en las dos áreas, exhibían un gran estado atlético y un encomiable espíritu amateur.

Acaso le falte subir más peldaños en su carrera a Sampaoli para asumir una selección. El desafío debería acentuar sus fortalezas y atenuar sus debilidades, y no incurrir en los errores que cometió al enfrentar a Boca Juniors en la Bombonera por la Copa libertadores. Esa vez, el técnico casildense viajó días antes a Buenos Aires solamente para atender a la prensa bonaerense, donde no poseía cartel. Además, lo hizo acompañado por su polola, lo que no cayó bien en el plantel azul.

La capacidad de corregir de Sampaoli es una de sus muchas ventajas sobre Borghi. Sería majadero repetir los partidos en que la selección nacional se le desmoronó a pedazos al Bichi, sin que hubiese una reacción. En cambio, en varios duelos en que el cuadro de Sampaoli no ha andado en la primera etapa, basta un par de minutos de la segunda para advertir su mano en las modificaciones tácticas.

Un punto en común a debatir de Sampaoli y Bielsa es el vértigo monotemático que emplean sus equipos, lo que favorece la respuesta de los adversarios superiores. Es cosa de recordar la cómoda expedición de Sao Paulo en el 5-0 a Universidad de Chile en Brasil y la de Real Madrid en el 5-1 a Athletic de Bilbao el sábado, respectivamente.

También queda por ver si Sampaoli no resulta víctima del microclima de Juan Pinto Durán que contagia paranoia a los directores técnicos. Después del bunker donde imperaba el secretismo de Bielsa, hubo puertas abiertas con Borghi, pero en el primero no entró ningún agente o representante de jugadores.

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